domingo, 17 de mayo de 2009



Rodríguez, situado en la encrucijada de las opciones de la sociedad de hoy, nos alcanza y nos embiste tan directamente: no solamente es capaz de ver en el estado artillado un síntoma de su propia debilidad y fragilidad; (Eso explica a los barcos de papel como a los helicópteros a punto de precipitarse o en blanco perfecto) también ha sido muy competente al traicionar una y otra vez los postulados que según él señalan los límites críticos de toda obra de arte. Si es cierto que el bien y la belleza son inseparables, también arte y política son parte de la misma preocupación. El arte no es nada sino es también un asunto político.

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